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  • Sonya Santos de Arredondo

La zona citrícola de Nuevo León 

Actualizado: ene 28

Por Sonya Santos de Arredondo INSTAGRAM Y TWITTER: @sonyasantosg

El origen de la naranja. 1/3

Existen alrededor de 600 especies de naranja, pero principalmente se clasifican en dos categorías: dulces (Citrus × sinensis) y amargas (Citrus × aurantium). Las primeras son utilizadas para consumo, mientras que las segundas sirven para hacer mermeladas y aromatizar vinos y licores, aunque en algunos lugares, como la península de Yucatán en Mexico, la utilizan en muchos de sus guisos. Investigaciones agrarias sitúan su origen en China hace tres mil años.

La palabra naranja se asoció primero a la fruta y luego al color. Una vez que este cítrico formo parte de la dieta occidental, la palabra "naranja" se usó por primera vez para referirse a la fruta en el siglo XIII y fue hasta 1542 cuando comenzó a emplearse para nombrar el color, esto es, casi 300 años después. La naranja persa, cultivada extensamente en el sur de Europa después de su introducción en Italia en el siglo XI, era amarga. La dulce fue traída de la China en el siglo XV por comerciantes portugueses, rápidamente sustituyó a la amarga, y en la actualidad es la variedad más comúnmente cultivada, crece de diferentes tamaños según las condiciones locales. La palabra naranja en español paso del sánscrito al persa (nārensh نارنج), luego al árabe (naranj نرنج, el árbol, y naranjah نرنجة, el fruto) y de ahí al español «naranjo» y «naranja», respectivamente. Al llegar a Europa, comenzó un proceso en los diferentes idiomas, los portugueses cambiaron la ene inicial por una ele (laranja). Al pasar al italiano para que la ele inicial no redundara con el artículo «la» se le eliminó la ele inicial (arancia) mientras que al pasar al francés y al latín se relacionó con el lexema oro (or y aurum) resultando orange y aurantium. Debido a que en la Edad Media el idioma culto de Inglaterra era el francés, en inglés pasó tal cual como orange. En su segundo viaje en 1493, Cristóbal Colón llevó semillas de naranja, y limones a Haití y otras islas del Caribe. Fueron introducidos en Florida (junto con los limones) en 1513 por el explorador español Juan Ponce de León. Los franciscanos lo hicieron a lo largo de El Camino Real de California en la segunda mitad del siglo XVIII y en Hawái en 1792.

La propagación de la naranja “gracias” al escorbuto. 2/3

Lo que ahora denominamos escorbuto, era conocido entonces como “el terrible mal” o “la peste de los mares”. Es una avitaminosis (falta de vitaminas) mortal debido a la deficiencia de vitamina C, que seguramente causó más muertes entre los marinos que todos las batallas e inclemencias climatológicas al desconocerse su causa. Al llegar la era de los descubrimientos, los marineros viajaban por largas temporadas, pocas frutas y verduras se podían conservar abordo. Expedicionarios como Jacques Cartier (1491-1557), Vasco de Gama (1460-1524), Francis Drake (1540-1596) y otros, sufrieron la enfermedad en sus travesías. Eran precisamente los países con más barcos y con importante conocimiento naval, Gran Bretaña, Francia, España, Países Bajos, los que podían emprender un mayor número y más largas travesías, así que fueron ellos quienes padecían más esta mortal enfermedad. Existen diferentes versiones de cómo se encontró la cura; una de estas es que se debe al médico escocés James Lind (1716-1794), que se encontraba destinado como cirujano naval en “Salisbury” en 1747, que patrullaba el Canal de la Mancha. Realizo diferentes pruebas con marineros enfermos, a los que les suministro a unos vinagres, a otros agua de mar, sidra… pero sanaron los que comieron naranjas y limones. Redactó un tratado sobre el escorbuto, “A treatise of the scurvy”, publicado en 1753, sobre la enfermedad y a su tratamiento, pero solo indica que se trataba de una dieta inadecuada. La solución que manifiesta es la de hervir los envases con el jugo de naranja a “baño maría”, con lo que la vitamina C desaparecía o quedaba muy reducida.

Después Gilbert Blane, discípulo de Lind, observó que añadiendo un poco de alcohol destilado (ron o ginebra) al jugo conservaba sus propiedades, consiguiendo como obligatoria en todos los buques la distribución diaria de 21 centímetros cúbicos de jugo de naranja o limón en 1795.

En 1980 un epidemiólogo español, publico una investigación donde informaba que habían encontrado en el Archivo de Indias de Sevilla, que el tratamiento del escorbuto con naranjas y limones era habitual a principios del siglo XVII tanto en el “Galeón de Manila” como en las flotas españolas que allí operaban. En concreto cita que en la flota al mando de Don Francisco de Tejada de 1617-18 se embarcaron nada menos que 44 fresqueras de “agrios de limón”, cinco barriles de dicho “agrio” y una cantidad indeterminada (la cifra está ilegible en el documento) de “jarabe de limón”. Al parecer era una práctica normal desde hacía mucho, en los buques españoles que surcaban en el Océano Pacifico. Marinos portugueses, españoles, árabes, y holandeses plantaron árboles de cítricos a lo largo de las rutas comerciales para prevenir esta enfermedad: un árbol de características nobles que podría crecer bajo ciertas circunstancias, a diferencias de otras frutas y verduras que también contienen alto porcentaje de vitamina C. La alimentación habitual en un barco de altamar estaba basada en carne salada (de ternera y cerdo), salazones de pescado, cerveza y ron, harina, legumbres secas, avena, queso, melaza, y la famosa galleta marinera (pan de barco). Había pequeñas variaciones; los barcos españoles solían llevar más aceite y verduras en conserva y escabeche, o los navíos holandeses col fermentada o las famosas dunderfunk (galletas fritas en manteca con melaza). Esto sin dejar de observar que a los tripulantes se les racionaba por día los alimentos, es decir, no comían de todo diariamente. La dieta habitual resultaba carente de vitaminas, muchas veces los alimentos estaban podridos y siempre húmedos.

La región citrícola de Nuevo León 3/3

La región citrícola de Nuevo León, localizada en la parte central de este estado, al sureste de Monterrey, es resultado de procesos de índole física, social, económica y cultural ocurridos a lo largo de varios siglos. Es una superficie que hoy día coincide con los municipios de Allende, Cadereyta, General Terán, Hualahuises, Linares y Montemorelos. Su creciente población desarrollo una agricultura fundamentalmente en la caña de azúcar durante los siglos XVII y XVIII, y luego en los cítricos desde el siglo XIX a la fecha. Particularmente en el municipio de Montemorelos, se remonta a los años del Virreinato, cuando la fruta de los huertos de aquellos años era para autoconsumo. En el Archivo Municipal de Monterrey se encontraron documentos que referían a la presencia de estos árboles frutales en 1707, se indica que en la parte posterior de la iglesia mayor, actual Catedral, fue cercada con espinos para evitar el robo de los frutos de las higueras, los duraznos y los naranjos. En 1828 el botánico Luis Berlandier, observó que en todos los jardines de Monterrey había naranjos, limones y otros árboles frutales. También un oficial del ejército estadounidense narra haber visto naranjos y limones en Cerralvo, en los jardines de la casa en Monterrey del General Arista, en Villa de Guadalupe y en las calles de Cadereyta La historia del boom citrícola en la región es la siguiente: en octubre de 1888 inician las obras que concluirían en septiembre de 1891 de la construcción de una línea de ferrocarril que uniría los estados de Nuevo León y Tamaulipas, y sus principales estaciones se ubicaron en Monterrey, Cadereyta, Montemorelos, Linares y Ciudad Victoria. Esta línea ferroviaria se unía con la internacional, en la proximidad de General Treviño, Nuevo León, hecho que incentivó la afluencia de inmigrantes de procedencia de E.E. U.U. La existencia de esta nueva vía de comunicación generó una nueva proyección económica para la región.

El gerente del ferrocarril, E. Joseph Andrew Robertson, encargado del trazo y construcción de la vía, percibió las bondades que ofrecían estas maravillosas tierras para el cultivo y plantación de la naranja a gran escala. Invitó a León Stuart, un experimentado arboricultor norteamericano a definir el trayecto que seguiría la vía férrea. Stuart, después de un estudio en la región y tomando en cuenta el desarrollo de los árboles, tamaño y sabor del fruto, además de la calidad de las tierras, agua disponible y facilidades de comunicaciones, concluyo que el municipio con más ventajas era el de Montemorelos. Es entonces que se sembraron en este lugar quince mil árboles importados de Sacramento, California. En la actualidad la zona citrícola de Nuevo León aporta el 12% de la producción nacional de naranja, dando como consecuencia algunas deliciosas practicas interesantes en la gastronomía.

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